150 años de evolución

Tal día como hoy, hace exactamente 150 años, en la revista científica Proceedings of the Linnean Society of London fueron publicados tres artículos que cambiarían para siempre nuestro modo de ver el mundo. De la misma manera que Copérnico hiciera al quitar a la Tierra del centro del Universo, los trabajos de Charles Darwin y Alfred Russell Wallace quitaban al hombre como centro de la naturaleza.

Hacía unos meses, en junio de 1.858, Charles Darwin había recibido una carta enviada en Febrero desde las Islas Molucas por el joven naturalista Alfred Russell Wallace. En ella se incluía un ensayo titulado On the Tendency of Varieties to depart indefinitely from the Original Type. Es decir, defendía que a lo largo del tiempo las especies iban cambiando y siendo cada vez menos parecidas a la especie original de la que proceden.

Como podemos imaginar, esto no era una novedad para Darwin e ideas parecidas se habían discutido ya con anterioridad. De hecho, ambos habían hablado hace tiempo sobre una ley que regula la creación de nuevas especies.

Pero la principal novedad de Wallace era la existencia de un principio de la naturaleza que provocaba que la evolución ocurriera. Sin embargo, ante la ausencia de un mecanismo que lo explicara, los científicos de la época se seguían mostrando incrédulos. De todas maneras, Wallace sugiere la participación de la lucha por la supervivencia en esta evolución. Como él mismo indicaría, vivirán más sólo aquellos mejor capacitados para obtener comida de forma habitual y de evitar a sus numerosos enemigos.

Vamos, que lo único que le faltó a Wallace fue el nombre que le puso Darwin, la selección natural... Y es que el mismo Darwin comentó que el artículo de Wallace era el mejor resumen que se podía haber hecho del manuscrito que él había escrito en 1.842, El origen de las especies mediante la selección natural.

Para evitar suspicacias, se decidió que ambos publicaran sus ideas en el mismo número de la revista. De esta manera, los dos serían recordados como los que propusieron la existencia de la selección natural.

Sin embargo, no se le daría apenas relevancia hasta que al año siguiente Darwin publicara su ya famoso libro y, en palabras del propio Wallace, diera al mundo una nueva ciencia.

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